Durante el fin de semana estuve pensando sobre la nueva ley que exige la lectura obligatoria de la Biblia en las escuelas públicas de El Salvador. Desde que me enteré, no me sentó del todo bien. Por un lado, la libertad de cada ciudadano a practicar la religión de su selección. Que más violación que la amenaza de bajas calificaciones en caso que un estudiante se rehuse a leer la Biblia por tener creencias diferentes a las de su maestro.
Por otro lado, la división que puede causar entre padres e hijos. Así como ha pasado en Cuba, que los hijos de padres disidentes, se pelean con sus padres al regresar de ser endoctrinados en las escuelas del estado, igual hijos de padres no practicantes que en la escuela escuchan que los que no leen la Biblia son malos o se van a condenar, puede sentir preocupación y/o enojo hacia sus padres, causando divisiones en las familias.
Y finalmente el tema del mensaje. Claro, probablemente en todas las aulas se leerá el mismo pasaje de la Biblia de acuerdo a las instrucciones del Ministerio de Educación. Pero que pasa con la discusión posterior? Que pasa con las interpretaciones? Allí los profesores pueden hacer lo que quieran con las mentes inocentes y maleables de los estudiantes. Habrán algunos que les dirán a sus alumnos que se condenará todo el que haga un error, sentándoles a los estudiantes un miedo que les durará toda la vida. Habrán otros, aun con ideologías de la guerra, que se asegurarán que sus estudiantes lean en la Biblia que los ricos son malos. Algunos, predicarán en contra de los gobernantes y llamarán a la revolución. En fin, dejar que los profesores sean los guías "espirituales" de los jóvenes de nuestro país, deja las mentes de los futuros ciudadanos en manos de las interpretaciones, resentimientos, e inventos de sus maestros (quienes ya nos han demostrado que no siempre son las personas más éticas del mundo con sus protestas interminables, su irresponsables ausencias y sus eventuales violaciones de niños- claro que todo esto solo le queda a algunos, no ha todos nuestros maestros... hay algunos maestros excelentes en este país.)
Pues todo eso pensaba durante el fin de semana. Pero no dejaba de sentirme un poquito culpable al hacerlo, pues son Católica por lo que debería de estar interesada en que más personas lean la Biblia (y aun mejor desde que son niños). Sin embargo, la portada de los principales periódicos nacionales me libró de esa culpa.
La misma Iglesia comprende y señala los riesgos de esta ley que se pretende instalar.
No es justo darle a unos el poder para instaurar sus propias ideas en las mentes de los estudiantes, ni es justo quitarle a otros la libertad de seleccionar sus propias creencias.
Rezo por el Veto!
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